Adictos al otroSus vidas se ven completamente afectadas por el comportamiento de sus parejas, sus hijos, sus padres, sus amigos... Los ejemplos son muchos y es una patología que afecta tanto a hombres como a mujeres. La buena noticias es que tiene solución y además hay grupos de autoyuda gratuitos por los que año tras año pasan miles de personas para darle batalla a esta enfermedad social que para muchos aún hoy es desconocida. La siguiente nota fue publicada en
Rumbos, una revista semanal que se distribuye junto con los diarios más importantes del interior del país. Es larga, pero vale la pena leerla incluidos los recuadros (con lugares donde recurrir), aunque más no sea para darle una mano a quien puede estar necesitándola.
Por Georgina DritsosTestimonio 1:
“Siempre pensé que no tenía suerte con los hombres. Mis parejas empezaban con un romance apasionado y terminaban al poco tiempo en un desastre, entre gritos, mentiras y locura. Siempre creía que me había equivocado al elegir la persona, que el próximo sería el hombre de mi vida, pero tampoco era. Tuve varias depresiones y hasta un intento de suicidio. Empecé una terapia con un psicólogo especialista en vínculos adictivos. Mi manera de ver las cosas empezó a cambiar, me di cuenta de que la clase de hombres con los que me relacionaba no podían ofrecerme un final distinto”.Testimonio 2:
“Ella me dijo que yo era su salvador y le creí. Nos habíamos conocido en su peor momento, cuando su primer marido la había abandonado con sus dos hijos. Le dediqué toda mi energía durante cinco años. Nos fuimos a vivir juntos, me convertí en el padre de sus hijos y les di el bienestar económico que nunca habían tenido. Me dejó cuando decidió reconciliarse con su ex-marido. Empecé a tomar alcohol descontroladamente. Un amigo me sugirió ir a Alcohólicos Anónimos. Allí comprendí no sólo mi alcoholismo, sino mis conductas codependientes. Comencé mi recuperación. Han pasado otros cinco años. Hoy estoy libre del alcohol y he comenzado una nueva relación amorosa en donde tengo claro que ya no quiero salvar a nadie”.
Estos dos testimonios anónimos, el primero de una mujer y el segundo de un hombre, corresponden a personas que se han visto obligadas a pedir ayuda profesional por padecer lo que los psicólogos han bautizado, hace más de veinte años, como codependencia. Ambos relatos, junto con otros, se pueden leer en la página www.lacodependencia.com.ar, realizada por la psiconalista Cristina Meyrialle, especializada desde hace años en vínculos adictivos.
DEFINICIONESEn un principio el término “codependencia” se aplicó exclusivamente a los familiares de alcohólicos, al descubrirse que ellos tenían los mismos síntomas que los adictos al alcohol, pero en vez de ser adictos a una sustancia eran adictos a una persona o “codependientes”. Al tiempo, el término comenzó a abarcar mucho más que eso.
Hoy se sabe que una persona codependiente es
“aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona y que está obsesionada tratando de controlar esa conducta”, según la definición de Melody Beattie, en el libro
“Codependent No More”. Otros autores la definen como
“una condición específica caracterizada por la preocupación y extrema dependencia emocional, social y a veces física, de una persona. A veces tan patológica que afecta todas sus otras relaciones”.Queda claro entonces, que ya no hablamos sólo de familiares o parejas de adictos, sino de cualquier persona que manifieste estos síntomas en su relación con otra persona que pueda o no tener algún grado de adicción al alcohol o a sustancias, algún grado de enfermedad mental o física, y/o trastornos del tipo psicológico-emocional. La base de esta conducta se encuentra en la adicción y el tratamiento más recomendado es una combinación de terapia individual y la asistencia a grupos de autoayuda. Lo cierto es que hoy, la psicología considera a la codependencia como una patología seria, y hasta como una enfermedad crónica y progresiva que, como cualquier adicción, también puede traer consecuencias en la salud de quien la padece.
ORÍGENES“La raíz del problema suele encontrarse en la infancia –explica Meyrialle-.
Los codependientes son personas que han tenido una infancia donde uno o sus dos progenitores no han podido cumplir adecuadamente su rol de mamá o papá, ya sea porque estaban enfermos, o eran psicóticos, o adictos, o porque estaban ausentes. Los hijos que han crecido en estas familias disfuncionales no pudieron depender adecuadamente de adultos mayores entonces generaron un personaje llamado ´ niño adulto` que tuvo que autocuidarse y autosatisfacer sus necesidades. En general, lo que hace es ocuparse de sus hermanos e inclusive de los padres, aún siendo muy chico. Cuando llega a la adultez ese niño adulto se transforma en un adulto niño, es decir, en un adulto que en su interior es un niño inmaduro, aparentemente muy seguro de si mismo y con las cosas claras, cuando en realidad es justamente todo lo contrario”. Existen distintos tipos de conductas codependientes y suelen ser fácilmente identificables entre personas de nuestro propio entorno o en nosotros mismos. Como el caso de aquella mamá, abuela, tía, esposa o amiga que siempre tiene una respuesta para todo y todos, que siempre resuelve los problemas de su entorno, salva gente y/o que forma pareja con hombres a los que tiene que rescatar, del mismo modo en que ella rescató a alguien en su infancia. Esa es una de las formas de codependencia más común y en ocasiones es conocida como
“Mujeres que aman demasiado” (ver recuadro); como lo indica su descripción, aqueja más a las mujeres que a los hombres, y la consecuencia más visible es que la mujer en cuestión presta una cantidad de tiempo y de atención mucho mayor a su pareja que a ella misma, en una forma vincular altamente obsesiva.
EN PRIMERA PERSONAMaría R. (56 años) vive en San Isidro, está divorciada desde hace más de dos décadas y tiene tres hijos. Esta psicóloga social padeció en carne propia eso de ser siempre la fuerte, la que todo lo puede, la mujer que ama demasiado.
“Hace veintitrés años, casi paralelamente con mi divorcio, formé pareja con un hombre casado y en esa relación se manifestó toda mi enfermedad. En aquella época yo sufría mucho, no podía despegarme de personas que me causaban daño y repetía historias de mucho dolor. A pesar de que hacía terapia, recién me di cuenta de qué me pasaba cuando una amiga me regaló el libro `Codependencia`, de Melody Beattie. Lo leí y me hizo pedazos porque me di cuenta que esa era yo”, recuerda.
Pero los tipos de codependencia son todavía varios más y las divisiones entre uno y otro tipo, nunca son tan claras. “
Otro cuadro es el de las mujeres frágiles las que se sienten impotentes y le entregan el poder a otro, en general un varón, que es quien supuestamente las va a proteger, porque en su fantasía, él es omnipotente. Estas mujeres son extremadamente dependientes y el caso extremo sería el de la mujer golpeada, que no se atreve a dejar al golpeador, porque siente que no puede vivir sin él”, explica Meyrialle.
Otras conductas codependientes típicas es la que se da en el caso de los “perseguidores” y los “evitadores”. En el primer caso, suelen ser mujeres que buscan formar pareja a cualquier precio para llenar el enorme vacío emocional que arrastran desde su infancia. En el segundo caso, suele darse en personas que de chicos se sintieron avasallados por sus padres en lugar de respetados, y huyen ante la posibilidad de recrear esta relación en su vida adulta. Asimismo, estos roles son intercambiables, sobre todo porque en una relación codependiente suelen convivir dos personas con problemas emocionales. De este modo, en una pareja, uno de sus miembros puede por momentos convertirse en el perseguidor y en otros momentos en el evitador, así como una misma persona puede cambiar su rol en sucesivas relaciones de pareja o en los intentos de llegar a esa relación.
Tal como le pasó a Javier (41), quien durante años no pudo mantener una relación de pareja por más de seis meses.
“Me solía relacionar con mujeres muy controladoras, posesivas y celosas. Tuve muchas rupturas, mucho dolor. Era una cosa de llamados constantes, demandas, berrinches, discusiones permanentes donde me sentía controlado, asfixiado y eso me provocaba automáticamente que yo tuviera menos ganas de estar con la persona. Cuanto más me alejaba, más controladora se ponía la otra parte. Una vez me relacioné con una mujer que no era así, sino que era independiente y me descubrí a mi mismo jugando ese rol de controlador, obsesivo y celoso. Ahí me di cuenta que también era una problemática mía y no sólo de las mujeres con las que estaba, era un tema de inseguridad básica y la dependencia tiene que ver con eso”, cuenta.
Es cierto: una de las raíces de esta enfermedad se encuentra en la falta de autoestima, como lo explican distintos autores como Melody Beattie o el psicólogo Nathaniel Branden, en varios de sus libros y artículos.
NO DOY MÁS
En general, las personas codependientes no tienen idea de que lo son y de que estas conductas hoy se tratan en terapia y en grupos de autoayuda, coordinados por los otros codependientes o por pacientes recuperados o por psicólogos o psiquiatras (ver recuadro). Una constante en los grupos es que los participantes llegan cuando ya no dan más. En algunos casos, los problemas se enmascaran dentro de una adicción al sexo. Es decir: muchos hombres llegan a admitirse como adictos al sexo, aunque eso a veces enmascara otro problema: el de no saber relacionarse sanamente con el otro.
“Fui a un grupo de adictos sexuales hace siete años, cuando había tocado fondo –recuerda hoy Javier.
Ahí sentí que había encontrado mi lugar para curarme. Lo primero para salir adelante es poder reconocer que uno tiene un problema ante el cual es impotente y necesita ayuda para resolverlo. Hay que tener en cuenta que esta enfermedad se enmascara mucho con la omnipotencia, con la idea de que` la próxima vez lo voy a cambiar y lo voy a lograr´. Uno siempre está jugando, es como un apostador compulsivo, dice ´la próxima vez voy a ganar´, pero siempre se pierde”. Para Javier, uno de los mayores logros de estos siete años de acudir a los grupos fue, en primer lugar, haber aprendido a estar solo, algo que para una persona codependiente parece imposible de lograr. Y el logro más importante,
“casi un milagro”, como lo define él, es haber formado una pareja estable, hace más de tres años, esta vez en el marco de un vínculo saludable donde todo se habla y se comparte pero ya sin rastros de aquellos gritos, acusaciones y celos que solían caracterizar las relaciones enfermizas de su pasado.
En cuanto a la recuperación de María R., hoy ella cuenta que siguió yendo a sus sesiones individuales de terapia, pero también comenzó a ir, en un principio durante cinco días a la semana, a los grupos de autoayuda. El proceso fue largo, doloroso e intenso, pero le sirvió para empezar a cambiar su manera de relacionarse con la gente, inclusive con su familia y sus amigos. Justamente algunos de ellos no entendieron su cambio y al no aguantar que dejara su rol de “salvadora”, decidieron alejarse. Si bien a María esto aún le duele, el camino que emprendió, hoy le permite tener nuevos proyectos en los que, por primera vez en la vida, prioriza sus deseos, en lugar de los ajenos. Un camino similar al que recorrió la psicoanalista Cristina Meyrialle, quien en un principio ahondó en esta problemática porque también la padecía. “
Yo hacía terapia desde años con excelentes profesionales, pero debo admitir que cuando empecé a entender esto de la codependencia, fue un antes y un después en mi vida –cuenta Meyrialle.
Yo hice un reaprendizaje y ahora mis vínculos son mucho mejores”. Si lo dice la experta, habrá que ponerlo en práctica.
Recuadro 1):Mujeres que aman demasiadoLa psicóloga norteamericana Robin Norwood escribió, en los ´90, acaso el libro más revolucionario sobre el tema:
“Las mujeres que aman demasiado. Cuando usted siempre desea y siempre espera que él cambie”. Ya en el prólogo, Norwood alerta:
“Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado. Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su terapeuta, estamos amando demasiado. Veremos que el amor se convierte en amar demasiado cuando nuestro hombre es inadecuado, desamorado o inaccesible y, sin embargo, no podemos dejarlo; de hecho, lo queremos y lo necesitamos más aun. En este libro, llegaremos a entender cómo nuestro deseo de amar, nuestra ansia de amor, nuestro amor mismo, se convierte en una adicción”.En el primer capítulo, cuyo título es “
Amar al hombre que no nos ama”, la autora proporciona ciertas características comunes a las personas –en mayor medida mujeres, pero también se puede dar en hombres- que aman demasiado. Entre otros puntos, Norwood señala los siguientes:
* Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales. * Al haber recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres necesitados. * Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor. * Como la aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitarlo. * Casi ninguna cosa es demasiado problemática o tarda demasiado tiempo si "ayuda" al hombre con quien está involucrada. * Su amor propio es bajo y no cree merecer la felicidad. * Es adicta a los hombres y al dolor emocional.Recuadro 2) Dónde pedir ayuda*-En la web: Codependientes y sus sentimientos en Hotmail :
http://groups.msn.com/codependientesysussentimientos-En la ciudad de Buenos Aires:
Los grupos de ALANON (familiares y amigos de alcohólicos) tratan el tema de la Codependencia. Llamando a la secretaría le informan sobre el grupo de autoayuda en su zona, y el dia y hora de funcionamiento.
- Secretaría Alcohólicos Anónimos 4931-6666 - Secretaría Alanon Grupos de Familiares y Amigos de Alcohólicos Alsina 1441 1º piso of 102, Buenos Aires, Argentina (011) 4382-9229, Lunes a Viernes de 12 a 18 hs.
AMAP: (Anónimas Mujeres Adictas a Personas):- Iglesia de Loreto, Juncal y Cnel Díaz, domingos 18 hs.- Iglesia Santísimo Redentor, Larrea y Berutti, de lunes a viernes de 12 a 13.30 hs; Sábados a las 20.30 hs.
-Grupos de autoayuda para mujeres con Dependencias Afectivas: -Los martes de 19,30 a 21 hs y los Jueves de 19 a 20.30 hs-Durante todo el año.-Moldes 2155 - Asociación Italiana de Belgrano.-Contribución para el alquiler sala: $ 5.-El grupo de los Martes es Coordinado por la Lic. Patricia Faur de mediados de marzo a mediados de diciembre; y con coordinación rotativa durante el resto del verano. El grupo de los Jueves, es coordinado por Cristina y Mirtha.-Para asistir no hace falta avisar previamente.
-APAP (Asociaciones de personas adictas a personas): - Iglesia del Carmelo (edificio anexo, 2º piso) , Marcelo T. de Alvear 2400 Martes 19.00 a 20.30, Sábados 10 a 12 hs. (Coordinan Mónica e Inés) Web:
www.apap.com.ar -SLAA (Adictos al sexo y al amor):- Iglesia Loreto en Juncal y Cnel. Díaz Lunes-Miercoles-Viernes a las 19.30 hs y Sábado y Domingo 19 hs .
-Todas las comunidades de autoayuda: Encuentro donde se trabaja con los 12 pasos en forma colectiva: - Galpón de Cáritas, Guaraní 272, sábados de 14.30 a 15.50 hs.
* Fuente de información :
www.lacodependencia.com.ar