sábado, 27 de junio de 2009

El amor tiene cara de hombre





Por Georgina Dritsos

Es famoso mundialmente como actor y por ser una de las caras más bonitas de Hollywood, pero Edward Burns (41 años, Nueva York, casado y padre de 2 hijos) tiene además una faceta no tan conocida que es la de guionista y director. Y parece que lo hace muy bien o por lo menos a mí me gustan sus películas, de las cuales en Argentina se han estrenado (en video/DVD) al menos dos: la más antigua She s the one (Ella es única, 1996) que han pasado en cable no hace mucho y la más reciente Sidewalks of New York (Las aceras de Nueva York, 2001). Ambas fueron dirigidas y escritas por él.






La primera la vi hace mucho y en el elenco están el mismo Burns, Jennifer Aniston, Cameron Diaz y Maxine Bahns (novia del director en aquel momento), entre otros, y en la segunda su ex, Heather Graham (con quien en ese momento ya habían cortado su relación de noviazgo), Rosario Dawson, Stanley Tucci y Brittany Murphy, y Burns nuevamente. Las dos son películas de bajo presupuesto, y se enmarcan dentro del llamado cine Indie norteamericano que le inyecta vitalidad y creatividad a la alicaída industria y de donde, hay que decirlo, provienen desde hace años las películas más interesantes del país del norte.






Burns supo encontrar su mejor modo de expresión escribiendo sobre temas tan obvios, cotidianos y a la vez vapuleados como el amor, el matrimonio, etc. etc. y en esas, sus historias, halló finalmente un registro mucho más interesante que cuando tan solo actúa.






En She 's the one plantea dilemas con los que cualquiera puede sentirse identificado, como: ¿qué hacer cuando se acabó la pasión en un matrimonio?, ¿cuando quedan cuentas pendientes del pasado? ¿cuando a 2 hermanos les gusta la misma mujer? ¿ cuando se espera un amor nuevo que nos sorprenda, que nos sacuda y nos saque de la modorra? y la mejor de todas las preguntas que se hace en este historia: ¿es posible enamorarse a primera vista y convertir ese amor en algo duradero?






En Sidewalks of New York, Edward se da el gusto de rendirle un merecido homenaje a su ciudad natal y, como quien no quiere la cosa, nos va mostrando la vida de 6 neoyorquinos, hombres y mujeres, alguno más neurótico que el otro, alguno más bizarro que el otro, alguno más o menos confundido, solo, feliz que el otro, en fragmentos de vidas un poco a la deriva y en una eterna búsqueda por lograr ese instante perfecto que haga que todo vuelva atener sentido otra vez.






Con un cierto registro "woodyallanesco", Burns supo cámara en mano (recurso que utilizó para abaratar costos) mostrar con efectividad, en particular en esta última de las dos pelis comentadas, cómo es el amor alejado de las historias rosas que nos contaron en la infancia. Pero no es todo, ya que también filmó algunas más en el rol de director y guionista, habría que ver si se pueden conseguir vía internet o en algún video especializado. Si alguien sabe dónde conseguirlas, que avise!

¿Todos somos Codependientes? (nota con gran vigencia!)

Adictos al otro

Sus vidas se ven completamente afectadas por el comportamiento de sus parejas, sus hijos, sus padres, sus amigos... Los ejemplos son muchos y es una patología que afecta tanto a hombres como a mujeres. La buena noticias es que tiene solución y además hay grupos de autoyuda gratuitos por los que año tras año pasan miles de personas para darle batalla a esta enfermedad social que para muchos aún hoy es desconocida. La siguiente nota fue publicada en Rumbos, una revista semanal que se distribuye junto con los diarios más importantes del interior del país. Es larga, pero vale la pena leerla incluidos los recuadros (con lugares donde recurrir), aunque más no sea para darle una mano a quien puede estar necesitándola.


Por Georgina Dritsos


Testimonio 1: “Siempre pensé que no tenía suerte con los hombres. Mis parejas empezaban con un romance apasionado y terminaban al poco tiempo en un desastre, entre gritos, mentiras y locura. Siempre creía que me había equivocado al elegir la persona, que el próximo sería el hombre de mi vida, pero tampoco era. Tuve varias depresiones y hasta un intento de suicidio. Empecé una terapia con un psicólogo especialista en vínculos adictivos. Mi manera de ver las cosas empezó a cambiar, me di cuenta de que la clase de hombres con los que me relacionaba no podían ofrecerme un final distinto”.
Testimonio 2: “Ella me dijo que yo era su salvador y le creí. Nos habíamos conocido en su peor momento, cuando su primer marido la había abandonado con sus dos hijos. Le dediqué toda mi energía durante cinco años. Nos fuimos a vivir juntos, me convertí en el padre de sus hijos y les di el bienestar económico que nunca habían tenido. Me dejó cuando decidió reconciliarse con su ex-marido. Empecé a tomar alcohol descontroladamente. Un amigo me sugirió ir a Alcohólicos Anónimos. Allí comprendí no sólo mi alcoholismo, sino mis conductas codependientes. Comencé mi recuperación. Han pasado otros cinco años. Hoy estoy libre del alcohol y he comenzado una nueva relación amorosa en donde tengo claro que ya no quiero salvar a nadie”.
Estos dos testimonios anónimos, el primero de una mujer y el segundo de un hombre, corresponden a personas que se han visto obligadas a pedir ayuda profesional por padecer lo que los psicólogos han bautizado, hace más de veinte años, como codependencia. Ambos relatos, junto con otros, se pueden leer en la página www.lacodependencia.com.ar, realizada por la psiconalista Cristina Meyrialle, especializada desde hace años en vínculos adictivos.


DEFINICIONES
En un principio el término “codependencia” se aplicó exclusivamente a los familiares de alcohólicos, al descubrirse que ellos tenían los mismos síntomas que los adictos al alcohol, pero en vez de ser adictos a una sustancia eran adictos a una persona o “codependientes”. Al tiempo, el término comenzó a abarcar mucho más que eso.
Hoy se sabe que una persona codependiente es “aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona y que está obsesionada tratando de controlar esa conducta”, según la definición de Melody Beattie, en el libro “Codependent No More”. Otros autores la definen como “una condición específica caracterizada por la preocupación y extrema dependencia emocional, social y a veces física, de una persona. A veces tan patológica que afecta todas sus otras relaciones”.
Queda claro entonces, que ya no hablamos sólo de familiares o parejas de adictos, sino de cualquier persona que manifieste estos síntomas en su relación con otra persona que pueda o no tener algún grado de adicción al alcohol o a sustancias, algún grado de enfermedad mental o física, y/o trastornos del tipo psicológico-emocional. La base de esta conducta se encuentra en la adicción y el tratamiento más recomendado es una combinación de terapia individual y la asistencia a grupos de autoayuda. Lo cierto es que hoy, la psicología considera a la codependencia como una patología seria, y hasta como una enfermedad crónica y progresiva que, como cualquier adicción, también puede traer consecuencias en la salud de quien la padece.

ORÍGENES
“La raíz del problema suele encontrarse en la infancia –explica Meyrialle-. Los codependientes son personas que han tenido una infancia donde uno o sus dos progenitores no han podido cumplir adecuadamente su rol de mamá o papá, ya sea porque estaban enfermos, o eran psicóticos, o adictos, o porque estaban ausentes. Los hijos que han crecido en estas familias disfuncionales no pudieron depender adecuadamente de adultos mayores entonces generaron un personaje llamado ´ niño adulto` que tuvo que autocuidarse y autosatisfacer sus necesidades. En general, lo que hace es ocuparse de sus hermanos e inclusive de los padres, aún siendo muy chico. Cuando llega a la adultez ese niño adulto se transforma en un adulto niño, es decir, en un adulto que en su interior es un niño inmaduro, aparentemente muy seguro de si mismo y con las cosas claras, cuando en realidad es justamente todo lo contrario”.
Existen distintos tipos de conductas codependientes y suelen ser fácilmente identificables entre personas de nuestro propio entorno o en nosotros mismos. Como el caso de aquella mamá, abuela, tía, esposa o amiga que siempre tiene una respuesta para todo y todos, que siempre resuelve los problemas de su entorno, salva gente y/o que forma pareja con hombres a los que tiene que rescatar, del mismo modo en que ella rescató a alguien en su infancia. Esa es una de las formas de codependencia más común y en ocasiones es conocida como “Mujeres que aman demasiado” (ver recuadro); como lo indica su descripción, aqueja más a las mujeres que a los hombres, y la consecuencia más visible es que la mujer en cuestión presta una cantidad de tiempo y de atención mucho mayor a su pareja que a ella misma, en una forma vincular altamente obsesiva.

EN PRIMERA PERSONA
María R. (56 años) vive en San Isidro, está divorciada desde hace más de dos décadas y tiene tres hijos. Esta psicóloga social padeció en carne propia eso de ser siempre la fuerte, la que todo lo puede, la mujer que ama demasiado. “Hace veintitrés años, casi paralelamente con mi divorcio, formé pareja con un hombre casado y en esa relación se manifestó toda mi enfermedad. En aquella época yo sufría mucho, no podía despegarme de personas que me causaban daño y repetía historias de mucho dolor. A pesar de que hacía terapia, recién me di cuenta de qué me pasaba cuando una amiga me regaló el libro `Codependencia`, de Melody Beattie. Lo leí y me hizo pedazos porque me di cuenta que esa era yo”, recuerda.
Pero los tipos de codependencia son todavía varios más y las divisiones entre uno y otro tipo, nunca son tan claras. “Otro cuadro es el de las mujeres frágiles las que se sienten impotentes y le entregan el poder a otro, en general un varón, que es quien supuestamente las va a proteger, porque en su fantasía, él es omnipotente. Estas mujeres son extremadamente dependientes y el caso extremo sería el de la mujer golpeada, que no se atreve a dejar al golpeador, porque siente que no puede vivir sin él”, explica Meyrialle.
Otras conductas codependientes típicas es la que se da en el caso de los “perseguidores” y los “evitadores”. En el primer caso, suelen ser mujeres que buscan formar pareja a cualquier precio para llenar el enorme vacío emocional que arrastran desde su infancia. En el segundo caso, suele darse en personas que de chicos se sintieron avasallados por sus padres en lugar de respetados, y huyen ante la posibilidad de recrear esta relación en su vida adulta. Asimismo, estos roles son intercambiables, sobre todo porque en una relación codependiente suelen convivir dos personas con problemas emocionales. De este modo, en una pareja, uno de sus miembros puede por momentos convertirse en el perseguidor y en otros momentos en el evitador, así como una misma persona puede cambiar su rol en sucesivas relaciones de pareja o en los intentos de llegar a esa relación.
Tal como le pasó a Javier (41), quien durante años no pudo mantener una relación de pareja por más de seis meses.
“Me solía relacionar con mujeres muy controladoras, posesivas y celosas. Tuve muchas rupturas, mucho dolor. Era una cosa de llamados constantes, demandas, berrinches, discusiones permanentes donde me sentía controlado, asfixiado y eso me provocaba automáticamente que yo tuviera menos ganas de estar con la persona. Cuanto más me alejaba, más controladora se ponía la otra parte. Una vez me relacioné con una mujer que no era así, sino que era independiente y me descubrí a mi mismo jugando ese rol de controlador, obsesivo y celoso. Ahí me di cuenta que también era una problemática mía y no sólo de las mujeres con las que estaba, era un tema de inseguridad básica y la dependencia tiene que ver con eso”, cuenta.
Es cierto: una de las raíces de esta enfermedad se encuentra en la falta de autoestima, como lo explican distintos autores como Melody Beattie o el psicólogo Nathaniel Branden, en varios de sus libros y artículos.


NO DOY MÁS
En general, las personas codependientes no tienen idea de que lo son y de que estas conductas hoy se tratan en terapia y en grupos de autoayuda, coordinados por los otros codependientes o por pacientes recuperados o por psicólogos o psiquiatras (ver recuadro). Una constante en los grupos es que los participantes llegan cuando ya no dan más. En algunos casos, los problemas se enmascaran dentro de una adicción al sexo. Es decir: muchos hombres llegan a admitirse como adictos al sexo, aunque eso a veces enmascara otro problema: el de no saber relacionarse sanamente con el otro. “Fui a un grupo de adictos sexuales hace siete años, cuando había tocado fondo –recuerda hoy Javier. Ahí sentí que había encontrado mi lugar para curarme. Lo primero para salir adelante es poder reconocer que uno tiene un problema ante el cual es impotente y necesita ayuda para resolverlo. Hay que tener en cuenta que esta enfermedad se enmascara mucho con la omnipotencia, con la idea de que` la próxima vez lo voy a cambiar y lo voy a lograr´. Uno siempre está jugando, es como un apostador compulsivo, dice ´la próxima vez voy a ganar´, pero siempre se pierde”. Para Javier, uno de los mayores logros de estos siete años de acudir a los grupos fue, en primer lugar, haber aprendido a estar solo, algo que para una persona codependiente parece imposible de lograr. Y el logro más importante, “casi un milagro”, como lo define él, es haber formado una pareja estable, hace más de tres años, esta vez en el marco de un vínculo saludable donde todo se habla y se comparte pero ya sin rastros de aquellos gritos, acusaciones y celos que solían caracterizar las relaciones enfermizas de su pasado.

En cuanto a la recuperación de María R., hoy ella cuenta que siguió yendo a sus sesiones individuales de terapia, pero también comenzó a ir, en un principio durante cinco días a la semana, a los grupos de autoayuda. El proceso fue largo, doloroso e intenso, pero le sirvió para empezar a cambiar su manera de relacionarse con la gente, inclusive con su familia y sus amigos. Justamente algunos de ellos no entendieron su cambio y al no aguantar que dejara su rol de “salvadora”, decidieron alejarse. Si bien a María esto aún le duele, el camino que emprendió, hoy le permite tener nuevos proyectos en los que, por primera vez en la vida, prioriza sus deseos, en lugar de los ajenos. Un camino similar al que recorrió la psicoanalista Cristina Meyrialle, quien en un principio ahondó en esta problemática porque también la padecía. “Yo hacía terapia desde años con excelentes profesionales, pero debo admitir que cuando empecé a entender esto de la codependencia, fue un antes y un después en mi vida –cuenta Meyrialle. Yo hice un reaprendizaje y ahora mis vínculos son mucho mejores”.
Si lo dice la experta, habrá que ponerlo en práctica.



Recuadro 1):
Mujeres que aman demasiado

La psicóloga norteamericana Robin Norwood escribió, en los ´90, acaso el libro más revolucionario sobre el tema: “Las mujeres que aman demasiado. Cuando usted siempre desea y siempre espera que él cambie”. Ya en el prólogo, Norwood alerta: “Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado. Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su terapeuta, estamos amando demasiado. Veremos que el amor se convierte en amar demasiado cuando nuestro hombre es inadecuado, desamorado o inaccesible y, sin embargo, no podemos dejarlo; de hecho, lo queremos y lo necesitamos más aun. En este libro, llegaremos a entender cómo nuestro deseo de amar, nuestra ansia de amor, nuestro amor mismo, se convierte en una adicción”.
En el primer capítulo, cuyo título es “Amar al hombre que no nos ama”, la autora proporciona ciertas características comunes a las personas –en mayor medida mujeres, pero también se puede dar en hombres- que aman demasiado. Entre otros puntos, Norwood señala los siguientes: * Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales. * Al haber recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres necesitados. * Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor. * Como la aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitarlo. * Casi ninguna cosa es demasiado problemática o tarda demasiado tiempo si "ayuda" al hombre con quien está involucrada. * Su amor propio es bajo y no cree merecer la felicidad. * Es adicta a los hombres y al dolor emocional.



Recuadro 2)

Dónde pedir ayuda*

-En la web: Codependientes y sus sentimientos en Hotmail : http://groups.msn.com/codependientesysussentimientos
-En la ciudad de Buenos Aires:
Los grupos de ALANON (familiares y amigos de alcohólicos) tratan el tema de la Codependencia. Llamando a la secretaría le informan sobre el grupo de autoayuda en su zona, y el dia y hora de funcionamiento.
- Secretaría Alcohólicos Anónimos 4931-6666 - Secretaría Alanon Grupos de Familiares y Amigos de Alcohólicos Alsina 1441 1º piso of 102, Buenos Aires, Argentina (011) 4382-9229, Lunes a Viernes de 12 a 18 hs.
AMAP: (Anónimas Mujeres Adictas a Personas):- Iglesia de Loreto, Juncal y Cnel Díaz, domingos 18 hs.- Iglesia Santísimo Redentor, Larrea y Berutti, de lunes a viernes de 12 a 13.30 hs; Sábados a las 20.30 hs.
-Grupos de autoayuda para mujeres con Dependencias Afectivas: -Los martes de 19,30 a 21 hs y los Jueves de 19 a 20.30 hs-Durante todo el año.-Moldes 2155 - Asociación Italiana de Belgrano.-Contribución para el alquiler sala: $ 5.-El grupo de los Martes es Coordinado por la Lic. Patricia Faur de mediados de marzo a mediados de diciembre; y con coordinación rotativa durante el resto del verano. El grupo de los Jueves, es coordinado por Cristina y Mirtha.-Para asistir no hace falta avisar previamente.
-APAP (Asociaciones de personas adictas a personas): - Iglesia del Carmelo (edificio anexo, 2º piso) , Marcelo T. de Alvear 2400 Martes 19.00 a 20.30, Sábados 10 a 12 hs. (Coordinan Mónica e Inés) Web: www.apap.com.ar
-SLAA (Adictos al sexo y al amor):- Iglesia Loreto en Juncal y Cnel. Díaz Lunes-Miercoles-Viernes a las 19.30 hs y Sábado y Domingo 19 hs .
-Todas las comunidades de autoayuda: Encuentro donde se trabaja con los 12 pasos en forma colectiva: - Galpón de Cáritas, Guaraní 272, sábados de 14.30 a 15.50 hs.

* Fuente de información : www.lacodependencia.com.ar

sábado, 20 de junio de 2009

Dos historias de amor contadas por una mujer


Por Georgina Dritsos

Jennifer Westfeldt (38) es una actriz, guionista y productora norteamericana que tiene un discurso piola, una mirada entre cínica e ingenua de las relaciones de pareja y sobre el amor en general, que, mechados con una buena dosis de comedia, dan como resultado por lo menos un par de películas que vale la pena ver.




Para conocer su trabajo, primero hay que alquilar Besando a Jessica Stein (Kissing Jessica Stein, 2001), que co-escribió, protagonizó y produjo, y luego, Ira and Abby (Cásate conmigo otra vez, 2006), que también escribió, produjo y protagonizó junto a Chris Messina y otras caras familiares como el estupendo Jason Alexander (el torturado y perdedor George Costanza de Seinfeld).




En la primera, Jennifer es una periodista desencantada de los hombres, del amor, de la pareja y su búsqueda de nuevas sensaciones la lleva a transitar caminos muy distintos a los que venía transitando y en esa búsqueda acaso encuentre el amor...




En la segunda, interpreta a una vendedora de abonos de un gimnasio que no se destaca particularmente por su inteligencia, o sus logros en lo personal o en lo laboral; en apariencia sólo es una optimista y despreocupada mujer que está feliz con su vida que muchos podrían considerar como pequeña y gris. ¿Pero qué pasa cuando se le cruza un hombre que tiene "una cara muy linda" y probablemente muchos otros atributos? Vale la pena averiguarlo.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sem-Namorados se juntaron para buscar pareja en Río

RIO DE JANEIRO (AFP) - Unos 200 solteros, hombres y mujeres de todas las tendencias sexuales, desfilaron el viernes por la principal avenida del centro de Rio en busca de su media naranja.


Miembros del movimiento de los 'Sem-Namorados' ('Sin novios'), una iniciativa que se creó en sitios de encuentros en internet, estos manifestantes querían mostrar que son más que un rostro en la pantalla de un ordenador.


En sus carteles se podían leer mensajes como "¡Ya basta de estar solo!" o "¡Un novio enseguida!". De fondo, sonaba el bolero "Bésame mucho".


La fiosoterapeuta Silvia Nobre, de 33 años y viuda desde hace dos años, encabezaba la marcha, organizada en el marco de la Jornada Internacional de las Familias.


"Es una forma divertida de mostrar que estamos solteros. Traje 30 cartas con mis números de contacto para distribuirlas durante la marcha", dijo Nobre a TV Globo.


La profesora Rita de Cassia de Sa de Almeida, de 41 años, soltera desde hace cinco años, dijo que "vine aquí para encontrar a alguien".

Fecha de publicación: 16 5 2009 Fuente: AFP

El sexo delete y las parejas que no llegan a ser

LA PAREJA, ¿ES UN SUJETO O UNA MERCANCÍA?

Una nueva "pandemia" que se expande: el “sexo delete”Más allá del placer, cuando las cosas se ponen difíciles algunos optan por “suprimir”..., y a otra historia. Promiscuidad y autonomía. Los detalles de un síndrome muy actual.

Por Lorena Tapia Garzón (*) 13.05.2009 17:29


Mariela tiene 32 años y dice que está cansada de sus encuentros de sexo casuales, que ya es hora de enamorarse, y que si no lo consiguió hasta ahora es por culpa de los hombres. “Ninguno quiere compromiso, son grandes pero parecen niños”, acusa. Los acusa. Casi de igual modo que esos supuestos hombres-niños acusan a las mujeres de su edad. “ Histéricas, eso son. Si no les das bola se quejan de que sólo buscamos sexo. Si las invitás a salir más de una vez en la semana, ya somos unos pesados, y no te dan bola”, retruca Héctor, de 35. Entonces, y a pesar de las quejas, siguen con el más fácil de todos los planes: sexo y delete.



Se trata, sin más, de la cultura del “toco y me voy”, de “contactos sexuales fugaces y despersonalizados”. Entonces, cuando la cosa se complica o ya no gusta, es más fácil apretar “ delete”, como en la computadora. Y a buscar otra historia. Una tendencia que bien puede aplicarse en las relaciones de pareja de hoy, o en los mismísimos matrimonios: no importa lo que los unió, ni si están juntos hace sólo unos meses, ante el mínimo conflicto, se viene la separación, el divorcio y la distribución de bienes.



“La promiscuidad aparece como un espejismo de autonomía”, asegura Diana Sahovaler de Litvinoff, psicoanalista miembro APA y de IPA , en su libro El sujeto escondido en la realidad virtual, que acaba de lanzar en la Feria del Libro. “De acuerdo al modelo de los vínculos cibernéticos, cuando algo se torna difícil, se oprime delete y se desconecta. Se llega así a una libertad sexual donde falta el sujeto, podríamos decir, a un sexo sin sujeto”, señala uno de los fragmentos de su libro.



En diálogo con Perfil.com, la especialista explica que con su libro intenta “tratar de entender un fenómeno que se gestó cuando la tecnología entró en la vida cotidiana”. Es aquí donde, según ella, aparece esta historia del “sexo delete”, y señala que se trata de un comportamiento que está relacionado también con “una sociedad de consumo”. “Es como el uso de un objeto, cuando aparece en el mercado uno mejor o deja de funcionar como queremos, se lo tira y se compra otro; todo es intercambiable, es lo mismo que sucede con las parejas, como si fueran objetos o mercancías”, especifica Sahovaler de Litvinoff.



La idea de escribir un libro sobre esta tendencia surgió porque se trataba de una problemática que escucha cada vez más en el consultorio. “Las mujeres se quejan de los hombres escurridizos, apabullados frente a tanta oferta, pero ellos también se sienten desalentados y solos ante la ‘histeria’ femenina, que no da lo que promete. Las etapas que marcaban ciclos sexuales parecen haberse extendido en el tiempo y recién alrededor de los 30 años las chicas comienzan a pensar en el ‘reloj biológico’ y consultan al psicoanalista con el temor de que ‘ya sea tarde para mí’. Y los muchachos que han venido huyendo de relaciones comprometidas, concurren al consultorio por pánicos difusos en los que experimentan cierta pérdida del sentido de la vida”, relata Sahovaler en un pasaje de su libro.


“El discurso sexual suele presentarse descarnado, se puede hablar de cualquier cosa en forma ‘light’ y aparentemente sin conflicto. Se privilegia el ‘día a día’, lo inmediato”, finaliza.


*Redactora de Perfil.com

Cuentas separadas...

SOCIEDAD (Clarín) Las cuentas separadas conservan la pareja



Las investigaciones indican que casi la mitad de los matrimonios mantienen cuentas corrientes separadas. La decisión refleja, a veces, desconfianza en el manejo del dinero y obedece a la necesidad de preservar autonomía, seguridad y tranquilidad.





Una encuesta entre 1.200 hogares estadounidenses realizada por el Raddon Financial Group, muestra que 48 por ciento de los matrimonios tienen dos o más cuentas corrientes. En 2001 el porcentaje era de 39 por ciento. Aunque la primera explicación es la creciente desconfianza entre hombres y mujeres en asuntos de dinero, se está operando un cambio más profundo: la tendencia cultural hacia una conducta bancaria más independiente en hombres y mujeres, explica el consultor Tony Ward-Smith.


¿Por qué? Porque cada vez son más las unidades familiares con dos ingresos, porque aumentan los divorcios y, por último, porque la gente se casa cada vez más tarde. Además, explica Ward-Smith, muchas parejas en segundas nupcias integran, a su vez, otras familias con varias capas de responsabilidad financiera donde se incluyen "alimentos" a hijos de otro matrimonio.


La vida de muchas parejas es demasiado compleja para una cuenta conjunta. Jean Lown, una de las encuestadas y profesora universitaria de Utah, dice que ella y su esposo tuvieron problemas con una chequera para ambos porque ella siempre la llevaba consigo y él a veces olvidaba registrar sus gastos, lo cual provocaba tensión y a veces, sobregiro. Las cuentas separadas resolvieron el problema, explica.


Hay parejas que, aunque juntan sus ingresos, comienzan también a tomar algunas medidas para autoprotegerse. Por ejemplo, si tienen tarjetas de crédito compartidas y cuenta corriente conjunta, se muestran el detalle de movimientos uno a otro para asegurarse, ambos, de que no haya ningún gasto raro.


Muchos asesores financieros creen que las parejas deberían tener tres cuentas: una conjunta para los gastos de la casa, y dos separadas para las necesidades personales de cada uno. Cuando hay cuenta conjunta, la mayoría de las parejas aportan un porcentaje de los gastos de la casa equivalente a su participación en el ingreso familiar; si ella gana US$ 40 mil anuales y él US$ 60 mil, ella pagaría 40 por ciento de los gastos conjuntos.


A veces, sin embargo, ocurre que las cuentas separadas se vuelven una complicación. Frank Pittman, psiquiatra y autor de varios libros, cuenta de una pareja que se dedicaba con tanto ahínco a distribuir gastos que vivían dedicados a repartirse los centavos. "Se estaban amargando la vida y por eso les aconsejé juntar los sueldos y tomar las decisiones en conjunto. Así hicieron y comenzaron a vivir mejor".


En última instancia, lo que importa no es si la cuenta es separada o conjunta. Lo que importa es la razón que motiva la decisión en un sentido u otro. A veces, cuentas separadas sólo significan un anhelo de igualdad e independencia. Otras, desconfianza o intereses divergentes, probablemente en vísperas de un divorcio. Es probable que, según la etapa de la vida en que se encuentre un matrimonio, decida a favor de la cuenta conjunta o de las cuentas separadas.